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Procesión en honor de Santiago Apóstol en Tixcacalcupul

Desde el tiempo de los mayas existían distintas deidades a las que había que rendir culto para que la vida fluyera. Para estos efectos los españoles tenían a los santos, a quienes a menudo les rendían un culto más intenso que a la Santísima Trinidad. A decir verdad en algún pueblo el Santo Cristo del Amor, el Señor de Misericordia o el Señor de la Transfiguración ocupaban un lugar semejante al de San Antonio, San Mateo, Santa Bárbara, o cualquier otro santo.

Stephens nos narra la fiesta de uno de los doce Santos Patronos del poblado de Nohkakab. A propósito de esto es conveniente aclarar que los listados que se han elaborado de las fiestas de los Santos Patronos de los pueblos se encuentran con ese problema: la proliferación de nombres y en algunos casos los desplazamientos de unos por otros. En realidad un Santo Patrono, según las investigaciones de Stephens, podría tomar tal rango a partir de que despertara el interés en los fieles; advertido esto el sacerdote solía pedirle al cacique que nombrara a doce hombres a los que llamaban mayoles, para que cuidaran y atendieran al Santo. Los mayoles se encargan también de elegir a otra persona que llevará el nombre de “patrón” a quien se le confía la custodia del Santo. El “patrón” cuidaba de los intereses del Santo: las velas, las ofrendas y su fiesta. La fiesta del Santo Patrono comprendía una procesión con la imagen, que era llevada por los mayoles, con su respectivo acompañamiento de cantos y voladores. Posteriormente se celebraba el baile que conducía el “bastonero” y se realizaba bajo una enramada de palmeras. Stephens nos narra en su libro un baile que se llamaba sakchik, que siendo eminentemente criollo mezclaba la jota andaluza con los sones mayas.

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