Nos reunimos a comer en Almar, un pequeño restaurante en la flamante plaza Victory de Prolongación de Montejo. Se presume que la especialidad del establecimiento esta basada en las recetas de mariscos de la costa del Pacífico. Para empezar pedimos cervezas y cocteles de camarón, servidos en unos tazones de peltre algo inconsecuentes. El placer de la buen mesa incluye a las vajillas.  La conversación se centró en la corrida de toros. Estaban dos de mis hijos, uno es aficionado a las corridas y el otro las critica con severidad. Llegamos a este tema partiendo de Sevilla, una de las ciudades más lindas del mundo. Hasta el critico de las corridas evocó con fascinación la maestranza de Sevilla. Yo hablé de Carmen de Bizet, don José, la fábrica de tabaco y “El Pájaro de Fuego” que me obsesiona. Todo se ha dicho a favor y en contra de las corridas de toros. Habrán seguidores y detractores. Para mi la gran sorpresa fue cierta tostada de paté jaiba con camarones , absolutamente deliciosa. La jaiba, con una carne complaciente, logra un sabor sublime. Para mi fue una gran decepción la brevedad del menú de postres: tres ofertas. Opté por un flan que no aportaba nada. No debe haber un restaurante de mariscos sin una buena carta de postres. El postre logra neutralizar el sabor del marisco, permitiendo así la sobremesa en la que los sabores conquistan la memoria.