
La ciencia abre ventanas al misterio,
y el verso escucha lo que no sabemos;
razón desnuda el orden de los cielos,
la imaginación sueña otros tiempos.
El hombre vive entre dos fuegos hondos:
la cifra exacta y la visión alada;
la razón pone límites al mundo,
la poesía los vuelve pregunta.
Sor Juana, entre los astros, preguntaba
por qué la noche guarda tantos signos;
su sueño atravesó cielos y abismos
para encontrar la cifra de lo eterno.
Nash vio en los números el orden oculto,
y en ellos descubrió un mundo secreto;
como Sor Juana, buscó entre las formas
la ley que vuelve cosmos al caos ciego.
No son contrarias ciencia y poesía:
son dos caminos hacia lo invisible;
una razona el pulso del universo,
la otra lo imagina comprensible.
Cuando la razón alcanza su frontera,
la imaginación enciende otra puerta;
y el misterio, más hondo que las cifras,
se entrega, sin rendirse, a nuestra mente.





