Virgilio que por Ventura es la promesa
De revoltosos vientos que están encima
De los dilatados mares del trayecto
Con los vigilados, áridos pábulos
Y las hinchadas olas de aquel mediodía
Que canta para los fatigados montes

Que Ramón López Velarde hablaba poesía
En aquel nítido y sonoro corredor
Con un quebradizo sonar del corazón
En las tarde líquidas y olfativas
Para las celebres, fatuas cabelleras
De húmedos y anhelantes monosílabos

Jorge Luis Borges el unánime escritor
Tenía la dócil, tácita cerradura
De las tardías notas de la imaginación
En los iletrados y laboriosos días
De un arduo alumno de una sola jornada