
La Prórroga de los Días
Por Gonzalo Navarrete Muñoz
Habito en una luz sin rayo,
en un silencio con sonido cierto,
donde lo real pierde su atavío
y lo imposible deja de ser sueño.
Lo cotidiano anuda sus extremos,
la irrealidad le presta su ropaje;
y en esa urdimbre de invisibles hilos
se funden sin frontera los paisajes.
No hay esperanza: no hace falta nunca;
ninguna espera nos reclama el día.
El tiempo, despojado de sus nombres,
transcurre sin promesa ni agonía.
La muerte no ha encontrado aquí su sitio,
ni se conoce el rostro de su ausencia;
la fe no se arrodilla ante el engaño
de la impostora y ciega ciencia.
Y en lo profundo, ajeno a todo límite,
un sueño de eternidad se agita;
como si el ser, librado de su término,
fuera la llama que jamás expira.
No hay ayer ni mañana que nos nombren,
ni un porvenir que exija su presencia;
sólo esta prórroga secreta de los días,
donde vivir no necesita explicación.
Y habito en esa luz que no ilumina,
en ese ruido que el silencio encierra;
donde lo eterno, sin pedir permiso,
hace de lo imposible nuestra tierra.





