
Por Gonzalo Navarrete Muñoz
La luna no recuerda lo que ha visto,
ni guarda en su silencio la memoria;
por eso vuelve al cielo, blanca y fría,
como quien no contempla lo previsto.
Ha visto al hombre alzarse contra Cristo,
ha visto arder la sangre en la historia,
ha visto al débil sucumbir sin gloria
bajo el hierro de un mundo nunca listo.
Si alguna vez la luna recordara
los gritos que escuchó desde la altura,
su luz entre las sombras se apagaría.
Y si el horror del mundo conservara,
jamás regresaría a la negrura:
por no volver a ver, no volvería.





