
Por Gonzálo Navarrete Muñoz
Cuando mi polvo duerma en tierra fría,
mi alma andará, sin peso ni lamento;
y hallará viva, al mismo paso del viento,
la eterna luz que alumbra a Mérida.
Irá por Paseo Montejo todavía,
Santa Anna le dará su fiel aliento;
la Calle Sesenta seguirá su cuento,
y cantará Santa Lucía al día.
La Catedral alzará su piedra grave;
la Casa de Montejo, su memoria;
el Palacio de Gobierno, su victoria.
La Mejorada guardará su llave;
San Cristóbal, La Ermita, San Sebastián,
San Juan y Santiago… y yo, sombra, pasarán





