la-jarana-yucateca

El fandango andaluz dio lugar a los sones mestizos que usaban como tema los cortejos amorosos de los animales. Los sones mestizos engendraron la jarana yucateca. La jarana era el baile por excelencia de las fiestas mestizas.

Existen dos tipos de jarana: la 6×8, que es zapateada y que proviene, desde luego, de los aires andaluces y la 3×4 que es valseada y tiene aires de la jota aragonesa. Ambas se bailan con posiciones erguidas en lo cual algunos han querido ver resabios del hieratismo indígena. Todo baile es también una justa, en primer lugar con la pareja y, posteriormente, con otras parejas.

La jarana, que suele tardar entre veinte y cuarenta minutos, da la oportunidad a las mujeres de cambiar a los hombres que no son capaces de soportar los trajines de la danza; hay bailadores a los que se les llama tok-xich, que significa “quema tendones”. Sin embargo al final de cada jarana, cuando quedan solo algunas parejas disputándose el primer lugar, a las bailadoras se les anima por medio de las “galas”, es decir poniéndole un sombrero sobre otro en la cabeza.

La bomba yucateca proviene de España y si bien originalmente se decía en maya, posteriormente se empezó a decir en español adoptando la forma de la copla española, su antecedente. La bomba debe tener un tema amoroso o de humor y nunca debe salirse de la propiedad por más humorística que sea.

“Los sones de jaleo” rematan los bailes y consisten en remedar el enfrentamiento de un toro (la mujer) con el torero (el hombre) quien libra las suertes con su pañuelo rojo. Al final de la jarana el bastonero le colocaba cintas de “moaré” a las mejores bailadoras de jarana.

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