Cuando me busco, voy por los caminos
que el tiempo va dejando, silencioso;
pregunto al viento por mis pasos viejos,
y al agua por mi rostro fugitivo.

Más nunca estoy allí donde me llamo,
ni en la sombra que guarda mi figura;
me encuentro, acaso, en unos ojos otros,
en una voz que me devuelve el día.

Soy yo cuando me pierdo entre la gente,
cuando una mano ajena me sostiene,
cuando comprendo el dolor de otro hombre
y su esperanza, sin saberlo, es mía.

Quizá vivir sea esto: irse buscando
por sendas que no llevan a uno mismo,
hasta hallar nuestro nombre, ya olvidado,
en el corazón humilde de los otros.

Y así, cuando me busco, no me encuentro
si no es en quien me mira y me recuerda:
como el agua se encuentra en el río,
como el hombre se encuentra en otra vida.