Por Gonzalo Navarrete Muñoz

La enfermedad te condena,
puede llevarte a la tumba,
y aunque la esperanza sucumba,
no le entregues tu alma en pena.
Que no te robe la escena
ni la luz de tu interior;
que no te infecte el dolor,
ni te arrebate la calma,
pues aunque enferme tu cuerpo,
¡que permanezca libre el alma!