Por Gonzalo Navarrete Muñoz

Una de las tragedias del hombre es la muerte,
morir una sola vez, sin otro intento,
llevar la vida a cuestas, sin aliento,
y hallar en cada adiós un golpe de suerte.
La vida sabe a duelo, aunque se alerte,
y el corazón se marchita en su tormento;
mas algo en el final, como un lamento,
sacude nuestra sangre y nos advierte.
La muerte da a la vida su medida,
enciende con su sombra la existencia,
y vuelve cada instante una partida.
Quizá vivir sea huir de su presencia,
beber la eternidad en cada herida
y amar porque nos vence su sentencia.