Hubo un hombre que fue todos los hombres,
y por eso eligió llamarse Nadie.
No era la fuerza su secreto,
sino aquella forma de la inteligencia
que los griegos llamaron phrónesis:
saber cuándo el hierro,
cuándo la palabra,
cuándo el silencio.

Entró en Troya dentro de un caballo,
como entra el destino en una casa.
Los muros, que habían resistido diez años,
no sospecharon del regalo.
La noche abrió sus puertas
y Homero, muchos siglos después,
diría que aquel hombre había vencido.
Pero toda victoria es apenas
otra forma del exilio.

Después vinieron los mares,
las islas, los dioses,
el vino oscuro de la memoria,
y nombres que ya nadie recuerda.
Cada puerto fue una cifra del tiempo.
Cada ola borró un poco de Ítaca
y un poco del hombre que regresaba.

Mientras tanto, en Ítaca,
Penélope tejía.

Durante el día levantaba con paciencia
el dibujo interminable de una espera.
Por la noche, cuando el palacio dormía,
deshacía hilo por hilo
lo que había tejido.

No sé si amaba al hombre
o a la imagen del hombre ausente.
Tal vez toda fidelidad sea eso:
amar una ausencia
hasta darle un rostro.

Los pretendientes no entendían
que el tejido era un laberinto
y que cada hilo deshecho
era un día ganado al destino.

Así pasaron los años.

Odiseo volvió una mañana
con el rostro de un extranjero.
Nadie lo reconoció.

Tal vez porque el verdadero Odiseo
ya no existía.
Tal vez porque quien vuelve
nunca es el que partió.

El arco lo reconoció.

Penélope, acaso, también.

Y en aquel instante
el hombre llamado Nadie comprendió
la más secreta de sus astucias:

no había regresado a Ítaca
para encontrar a Penélope;

había atravesado mares, monstruos y años
para descubrir que Ítaca
era el nombre que daba su memoria
a aquello que había perdido.

Desde entonces, cada regreso es imposible.

El mar conserva sus nombres.
El caballo permanece en la noche de Troya.
Penélope sigue tejiendo y destejiendo
una tela que nadie termina.

Y Nadie, que fue Odiseo,
camina todavía hacia su casa,

sin saber si regresa

o si, como todos los hombres,

por fin se está alejando.