Por Gonzalo Navarrete Muñoz

 

Persigue el hombre siempre un ideal,
como quien va tras luz que se desvanece;
la dicha es un cristal
que al tocarse se quiebra y desaparece.

Anhela el corazón
hallar un puerto firme y duradero;
mas toda ilusión
se aleja como el viento pasajero.

Vive buscando aquello
que imagina perfecto y luminoso,
y en ese eterno duelo
convierte su existir en angustioso.

Quizá la felicidad
no sea una cima para alcanzar,
sino la voluntad
de aprender cada día a caminar.