
La dicha es promesa nunca dada,
que al corazón sediento siempre engaña;
la vamos persiguiendo en la jornada,
y al alcanzarla, ya no nos acompaña.

La dicha es promesa nunca dada,
que al corazón sediento siempre engaña;
la vamos persiguiendo en la jornada,
y al alcanzarla, ya no nos acompaña.