
Por Gonzalo Navarrete Muñoz
El hombre envidia a Dios callado,
por su poder que nunca muere;
ansía el trono de lo eterno,
y pierde al alma en su querer.

Por Gonzalo Navarrete Muñoz
El hombre envidia a Dios callado,
por su poder que nunca muere;
ansía el trono de lo eterno,
y pierde al alma en su querer.