Eneas, hijo de Troya, va adelante,
con fe sostiene el rumbo de su vida;
lleva en su pecho el sueño palpitante
de ver a Roma al fin recién nacida.

La antigua Troya queda en su memoria,
sus muros arden, pero no su empeño;
pues ve en el porvenir una gran gloria
y sigue firme tras su noble sueño.

Anquises, ya sin fuerzas, va en su espalda,
y Eneas lo levanta con ternura;
así del viejo padre el peso guarda
mientras escapa de la noche oscura.

Sobre sus hombros lleva su pasado,
Troya respira aún en su camino;
y aunque su pueblo ha sido derrotado,
Eneas mira firme hacia el destino.

Así comienza el sueño de una tierra
que habrá de alzar su nombre entre los mares;
Roma, nacida tras la cruel guerra,
unirá dos memorias seculares.

Virgilio canta al héroe esperanzado,
que encuentra luz después de tanta pena;
Troya en su corazón queda enlazado
al nuevo hogar que el porvenir ordena.