
Por Gonzalo Navarrete Muñoz
Bienaventurados los días
que no tienen ni ayer ni mañana,
los que el alma no engaña
con recuerdos ni agonías.
Los que regalan alegrías
sin promesas ni equipaje,
los que hacen del instante un viaje
donde el tiempo queda ausente,
y basta vivir el presente
sin temor a otro paisaje.





