alitas-bostons

El concepto está de moda por exitoso. Flexible, pretende ofrecer ambas virtudes: la de la comida rápida y la de un establecimiento más sofisticado. Al mismo tiempo aspira a captar el mercado de los jóvenes, de los adultos y, también el de las familias. Para lograr sus ambiciosos objetivos las franquicias de este tipo han generado un muy buen número de reglas, presuntas hijas de la estadística, ante las cuales hay que inmolarse por el bien del negocio. De la pretensiones de Boston’s dan cuenta el tamaño del estacionamiento y las áreas del restaurante: todas espaciosas y muy cómodas para el cliente. No tiene que explicarse la decoración del sitio, puede intuirse con ver el edificio y tras una breve recapacitación de todo el concepto.

La carta es la clásica mixtura que a fuerza de destacarse ya hace sus propio perfil, contiene: sádwiches, pizzas, ensaladas, pastas, cortes de carne y recetas de pollo. En las entradas podemos encontrar las típicas alitas Wings que pueden pedirse: “muy picantes, “B.B.Q”, “Picantes”, “Teriyaki”, con “Salsa de Cacahuate” y “Cajún”, el menú aclara que se pueden elegir tres estilos de esta lista; las alitas del Boston’s responden al sabor clásico, aun en las distintas modalidades, y por lo tanto no constituyen ninguna especialidad que merezca el precio que se paga por ellas. Obviamente también hay los ya un internacionales “Nachos” , los del Boston’s llevan además de quesos cheddar y mozarella, aceitunas, trozos de tomate, pimientos verdes y cierta crema ácida. Se ofrece también un Spicy Chichen Quesadillas que es a base de pollo picante con quesos cheddar y mozarella, rebanadas de tomate y pimientos verdes, acompañado todo de una crema ácida y una salsa. Más atractivo puede resultar un Cactus Cut Potatoes que son delgadas papas fritas, servidas con un dip con chiles machacados, cebolla y crema ácida. Todas estas resultan mezclas especulativas y ligeras que se derivan del “diner” norteamericano. Ciertamente desde hace unas décadas la cena norteamericana empezó a demostrar una particularidad: su confección convocaba a varios miembros de la familia, o en us defecto a la pareja. Un punto esencial de esta liturgia lo constituía la elaboración de la ensalada que, por lo demás, ya se sabe: proporciona espacios para la creatividad. Así es como se empiezan a explorar mezclas y aderezos distintos a los clásicos franceses o italianos. El resultado se prodiga en un sinfín de ensaladas que aparecen en los menús de los restaruantes como Boston’s. Desde luego que para la proliferación y protagonismo de estas ensaladas conspira otro factor: las ditas y sus exigencias, cuando no sus tiranías.

Del capítulo de Sandwiches ofrezco la siguiente muestra representativa: Chicken Focaccia, que es una pechuga al carbón rebanada y servida en un pan estilo Focaccia, bañada con mayonesa de ajos y cubierta de tomadte y lechuga; Boston Cheseteak que es una rebanada de roast beef con cebollas, pimientos verdes, champiñones, queso cheddar y mozarella, horneados en una baguette. Estos sandwiches quizá tengan un gran poder de seducción para todos aquellos que quieran realizar con rapidez el tránsito de “Quetzacoátl a Cocacoátl” , pero lo cierto es que a menudo carecen de una verdadera definición y se obstinan en presentar sabores preciosos que se juntan pero no se alían. Claro está que difícil es que estas uniones lleguen a ser desagradables, básicamente por la calidad de los materiales, pero semejante dificultad encuentran para resultar cautivadoras.

La carta de pizzas es muy amplia y ofrece clasificaciones que van de individual, chica, mediana hasta grande. Los precios también son oscilantes: una pizza Hawaiian, a base de jamón, piña y queso mozarella, en presentación individual, cuesta $55; una pizza Tuscan, con ajo asado, salsa marinara, espinacas, tomates deshidratados, pollo picante, queso feta, mozarella y cheddar, en presentación grande cuesta $195. Parece ser que lo más atractivo de Boston’s puede encontrarse en su larga lista de pizzas, de entre las cuales hay sus favoritas, según la opinión del propio restaurante: la The Great White North a base de quesos cheddar y mozarella con jamón; y la Perogy Pizzas, a base de crema ácida, tocino, papas picantes, quesos mozarella y sedar, cebolla y un poco de crema ácida al centro.

El lugar tiene el fondo del murmullo que suele formase entre las voces excitadas de los jóvenes y los sonidos de las televisiones; incesante, para algunos crea una atmósfera motivadora, para otros estropea la posibilidad de disfrutar de una deliciosa conversación. Fui a Boston’s recién se había abierto por lo cual tuve que padecer el acoso exasperante de meseros, y coordinadores de meseros, garroteros y demás servidores, cuyos esfuerzos solícitos no se transformaban en un mejor servicios. He oído decir que este grave problema ha desaparecido, al menos en parte. Usted con seguridad querrá visitar Boston’s y para gente como usted se vuelca cliente asidua la empresa tendrá un buen arsenal de promociones y campañas que han probado su éxito. Esto suele ser así: no por el número de clientes que reciban al día un restaurante es bueno.