Sara Poot Herrera

Nunca dejara de vibrar su historia, cada que se hable de ella se contara la historia de aquella Sarita que nació en la nobilísima esquina del Kiwikdzoz. Era casi una niña cuando su mamá la llevó a un pueblo de Jalisco para que estudiara en una escuela para maestros rurales. La primera noche que durmió sola lo hizo en un gran salón, sobre una banca y tapándose con una toalla roja. Se graduó y ejerció como maestra y cantó aquello de “Camina trenecito que Atotonilco voy…”. Pero intuía la vida que trepidaba más allá de su mirada. Así, se fue a Guadalajara y logró entrar en la Universidad donde, venciendo todo, se graduó como licenciada en literatura. Y, sin cansarse, porque Sara nunca se cansa, aplicó para el Colegio de México y se fue a la gran capital a estudiar la maestría y el doctorado en literatura.  La primera obra de Sara es su increíble vida. Hizo su tesis de doctorado sobre uno de los grandes autores de México: Juan José Arreola. Lo conoció y su trabajo fue exhaustivo como lo es todo en ella. Sara no duerme  y esto no es una metáfora, es la verdad incondicional. Una madrugada de insomnio leía yo a Sor Juana con devoción, se me ocurrió enviarle un correo a Sara, esperando que lo leyera al día siguiente. Sorpresa: me contestó de inmediato. Tiempo después en otra madrugada intercambiamos correos con copias al rector de la UADY y a Rodolfo Cobos, director de la FILEY; éste me diría tiempo después: “Se asustó el doctor Williams por la hora que se enviaban correos”. Sara lee, escribe, estudia, revisa tesis y prepara programas de encuentros culturales. Inagotable: atiende a todos, sirve a todos. Ingresó a la cofradía de Sor Juana como Ermilo Abreu Gómez, don Alfonso Reyes,  Octavio Paz, Alberto Alatorre y otros tantos más, claro: se volvió una autoridad. Su interés por la monja de velo y coro, profesa de San Jerónimo, la ha llevado a hacer dilatadas investigaciones con su sello: entrega total. Su devoción es cautivadora, como sorprendente son sus estudios sobre Arreola: “pliegues de cordel”, los llamó. Me indigesta un poco que a veces se concentre más  en la historia de Sor Juana que en la inteligencia o la vigencia de sus textos. Margo Glantz dice que los dos grandes poetas de México son Sor Juana y José Gorostiza, sin embargo con Sor Juana asistimos a la gran revelación: un poema es un ser vivo que se forma en las entrañas del poeta quien tiene la obligación de ponerlo como palabra escrita. Ese ser vivo posee dos características que aspiran los hombres: perpetuidad y multiplicación. El poema podrá ser ignorado por una o dos generaciones pero un día volverá con pleno vigor, estaba ignorado, no muerto. Un poema se trasforma en cada lectura, se vuelve otro. Sara tiene una gran emoción por la vida y gran coraje para vivirla. A veces es una niña sabia y otras una sabia de varios siglos que lucha por las grandes verdades del mundo. Pero lo increíble en ella es que no tiene espacio para un sentimiento de amargura, de dolor, de reproche a algo o a alguien. En horas perdurables he sabido de su infancia  sin ningún mal recuerdo, con gratitud para todos. Alguna vez me contó que, estando su mama trabajando fuera de la ciudad, todos los días iba su hermano Popo al paso del tren con la esperanza de que llegara la amada madre de los pequeños. Su hermana Teté les preparaba el chocolate de la cena y lo servía a la cinco porque había asociado el chocolate con la llegada de su padre del trabajo: si lo tomaban antes, el papá llegaba antes.  Nada hay más misterioso que la realidad y de este misterio nace su vida regida por el carpe diem. La gran pasión de Sara es ampliar el tiempo: lo logra escribiendo, leyendo , estudiando y no durmiendo, porque quiere ser hermana de sus hermanos, tía de sus sobrinos ,amiga de sus amigos, maestra de sus alumnos y compañera de todos. No siempre hemos coincidido. Nuestras diferencias han sido serias. Por encima de todo está la fraternidad, ninguna idea o situación valen el cariño que nos tenemos.  Han nombrado a Sara Protagonista de la Literatura Mexicana, es un título justo. La oportunidad se ha dado: los jóvenes contemporáneos deben de saber que el éxito es hijo de la pasión, de la entrega que no entrega todo: queda a salvo ella, la familia, los amigos y todas las relaciones humanas. Dejó un espacio para que Sara escriba: Yo, la Mejor de Todas,  como Sor Juana escribió: Yo, la Peor de Todas. Sara no lo hará pero yo lo hago en su nombre.