
Por Gonzalo Navarrete Muñoz
Aldonza, humilde nombre entre la gente,
se vuelve Dulcinea en la palabra;
la poesía en su luz la descalabra
y ciñe de esplendor su frente ardiente.
Alonso, ya perdido entre su mente,
por versos y por sueños se desdobla;
y el mundo que su pluma nombra y puebla
lo viste de aventura eternamente.
Así la poesía, hechizo humano,
convierte lo vulgar en maravilla,
y al sueño le da rostro soberano.
Quijote nace al conjurar la orilla
entre lo que es verdad y lo que soñamos:
pues quien crea con versos, nunca humilla.





