el cine en Mérida en los años Veinte

Estos fueron años de evolución y de felicidad. Las mujeres se subían el vestido y se soltaban la cintura: el modelo flepper asombraba al mundo. Quizás por primera vez en la historia de la humanidad las mujeres se cortaban el pelo, símbolo inequívoco de la feminidad y la belleza. Fueron años románticos y poéticos. En estos años existían tres funciones posibles en los cines: la matiné, vermouth y nocturna. Las funciones costaban 20 centavos. Los cines de Mérida en los años veinte eran: el Teatro Principal- “La Catedral de las Novedades”, el Pathé, el Salón Esmeralda en San Cristóbal-, el Salón Montejo- “Templo del Arte”- regenteado por la empresa Rivas Cantón, el Salón Fraternidad, el Salón Hidalgo, el Salón Frontera, el Peón Contreras, el Rivoli y el Rialto. Las películas que se vieron en esos días fueron: “Su Alteza el Amor”, “Unidos en la Tumba”, “El Noveno Mandamiento” – “No desearás  a la mujer de tu Prójimo”-, “El Circo de la Muerte” -“De diez grandes rollos, la cinta más hermosa y emocionante que se ha editado”-, “El Cristiano”, “Amor culpable” o “La Mujer Adúltera”; en el cine Pathé se vio “El Ojo del Toro” y muchas películas de Chaplin. En el Salón Hidalgo las señoritas y las señoras podían entrar gratis y ahí se pasaron “La Ciudad Prohibida” y “El Relámpago”. La famosa empresa de don Arturo Moguel regenteaba el salón Pathé y ahí se presentaron “Los Bandidos del Gran Mundo” y “El Huerto Secreto”, entre muchas otras. Nuestros abuelos fueron a divertirse al cine con “La Máscara de la Muerte”, “La Huerfanita”, “Los Despojos de una Vida” con Catalina Williams, “Pepe el Liberal” por Jack Pickford, “María”- “Joya de Gran Arte”, “El Subterfugio”, “Corazón de León”- 15 episodios, 30 partes, con Jack Hoxio y Anna Little-, “El Guante Rojo”, “Parodia de los Misterios de Nueva York” con Charles Chaplin, “Chaplin en el Teatro” y “Ella lo Idolatraba”. La Cía. Cinematográfica de Arte Nacional, distribuidora de películas , firmó un contrato de exclusividad con el Salón Montejo uno de los más acreditados de la ciudad. El cine Pathé, por su parte, hacía rifas entre los asistentes a los estrenos o a ciertas progrmas; los premios eran: canastas de flores, “dos cochinitos”, gansos, pescaditos Gold Fish, conejitos, perritos. “un par de palomas”, chivitos y una lámpara de mesa, entre otros.

El 27 de enero de 1920 se anunció en Yucatán un concurso de cine (una suerte de festival como los de la actualidad) al que se inscribieron “Justicia de Mujer” con Diana Karene, “El Camino Más Largo” con Mario Caserini, “El Presagio” con Augusto Genina, “Madame Flirt”, “Trágico Dilema” y “La Señora de las Perlas”, siendo la película triunfadora “Trágico Dilema”.

En los años vente los meridanos pudieron ver también “Donde Jamás se Vuelve”, “Canillitas sin Dinero”, “la Ciudad Prohibida” con Norma Talmadge, “Otelo”, “el misterios Millón de dólares”, “La ley de la Tierra” con Madame Petrova, “Sangre Nueva” con Juanita Hansen, “Amigo Falso”, “El Invisible” con William Desmond y “El Honor de su Hogar” con el japonés Sessue Ayacuá. En 1921 se proyectó en Mérida “El Barrio de la Alegría” con Mae Marsh; asimismo se pudieron ver: “La de los Ojos Azules” con Viola Dana, “La Cortesana de Alejandría”, “con la Reina del arte mudo Mary Garden”, “La Máscara y el Destino”, en 6 partes marca Olympus, “la soberana de la alegría en su creación Goldwyn”, “Chaplin Conde”, “El Sello de la Infamia”.

Los años veinte fueron entusiastas, fueron años gloriosos de la trova yucateca, de esa alianza entre poetas y músicos; en el Peón Contreras se presentó “Atila”, con Febo Mario; por esos días en otros cines se proyectaban “Vida de Perro” de Charles Chaplin, “Alicia en su noche de bodas”, “El Eco de Juventud”, en 6 “grandes partes”. En 1925 los cines de Mérida competían con las compañías de teatro de Virginia Fábregas y Gerardo de Nieva, sin embargo el Rialto, el Pathé, el Esmeralda y el Hidalgo proyectaban “Escándalo Social” de la Paramount, con Gloria Swanson; también se exhibían “Las Dos Huérfanas” con Lilliam y Dorothy Gish, “El Cristiano” con Ricardo Dix, “El Redentor” con Helga Monlander y la “Ciudad de los Espectros” con Pete Morrison el “Jinete Invencible”. Una película yucateca de los años veinte fue “Nidelvia” de Cicerol. Aunque Roca y Santos Badías hicieron un extenso documental del carnaval de 1921 que fue muy atractivo para el público.

A finales de los años veinte el cine deja de ser mudo, aunque las películas habladas no llegan inmediatamente a Yucatán, esto a pesar de la cantidad de películas que llegaban. El cine hablado conquistó al público y transformó la visión: ahora no sólo era necesario el rostro y su expresividad, también se requería de una voz que fuera con el papel. En los años veinte la figura de la mujer en el cine tiene otra transformación y la “ingenua” da paso ala “vampiresa” con distintas tonalidades se extendió y en México contamos con una gran exponente que aparecería décadas después: María Felix. Los intentos de unir, aun sea en forma rudimentaria la imagen con el sonido, dieron éxito. Hollywood empezó a inundar el mundo con películas musicales. El cine sonoro duplicó el número de espectadores. Sin embargo el cine sonoro significó un problema para el mundo de habla hispana y Hollywood ensayó distintas fórmulas para solucionarlo, eliminó los diálogos en inglés y sólo dejó la música y ciertos sonidos incidentales; sustituyó los diálogos con la voz de un narrador, dobló con muy mal resultado las cintas, subtituló en español, pero como la mayoría del público era analfabeta no se lograba nada. Finalmente de 1929 a 1939 se hizo en Hollywood un cine hispano cuyas estrellas principales fueron José Mójica, el argentino Carlos Gardel y la española recientemente fallecida, Imperio Argentina, a quien por cierto Hitler pretendió convertir en su amante según cuenta una leyenda muy difundida en España. Esta nuevo modalidad desplazó a las estrellas mexicanas que habían tenido éxito en el cine mudo de Hollywood como Ramón Navarro y Dolores del Río, a propósito esta actriz nunca abandonó los ademanes del cine insonoro, como el llevarse la muñeca a la boca haciendo un gesto de dolor y de espanto a la vez.

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