Arqueología

Es éste el edificio más distinguido de todo Chichén Itzá. Se trata de una imponente pirámide de nueve cuerpos escalonados de 60 metros por cada lado y de 24 metros de altura, con una escalinata a cada lado y un templo en la parte superior. La pirámide tiene dos estructuras que corresponden a dos épicas distintas: la primera se encuentra cubierta totalmente cubierta por la más reciente. Así es como la actual pirámide está construida sobre otra menor que mide 16 metros de altura y que puede visitarse a través de un estrecho pasadizo que se encuentra en la escalinata norte. La decoración de la fachada está basada en serpientes y tigres, lo que exhibe una clara influencia tolteca y corresponde al florecimiento Itzá.

Se afirma que esta pirámide es la representación del calendario civil de los mayas: cada escalón es un día del año, y dado que se tienen cuatro lados con 91 escalones cada uno, se tienen un total de 364 escalones , que sumados a la plataforma dan un total de 365, equivalentes a los días del año solar. Esta aritmética singular ha dado lugar a la idea de que el castillo se levantó en honor del Dios Sol. Al mismo tiempo si se ve al castillo por alguno de sus lados se encontrarán 18 plataformas superpuestas que equivalen a los meses de 20 días del año Haab y que, a su vez, arrojan al hacer la multiplicación, un total de 360 días.

Los días 21 de los meses de Marzo y Septiembre, y los dos días anteriores y posteriores a estos se da el muy conocido fenómeno equinoccial llamado “luz y sombra” que apareciendo con frecuencia en las antiguas leyendas mayas que la tradición oral recogió fue descubierto, como tal, hasta la últimas décadas del siglo XX. La presencia, en la actualidad, de este fenómeno implica, en cierta forma, un homenaje a quienes reconstruyeron El Castillo, pues ignorando su existencia, lo que significó no cuidar los detalles al respecto, sus fenómenos dieron un lugar a que el fenómeno se siguiera produciendo. Siempre llamará la atención el poder de la tradición oral maya a través de la cual ha sobrevivido algo de lo mucho que se perdió por la intransigencia y la paranoia de los primeros conquistadores.

En los días del fenómeno equinoccial el sol proyecta, en el lado noreste, siete triángulos de luz que se forman lentamente de arriba hacia abajo conformando, de manera espectacular, la silueta de una serpiente de 34 metros de largo que evoca al dios Kukulcán que parece descender del cielo.