Románticos y modernistas en la trova yucateca

El Vate López Méndez

“¡AY, SI NO FUERA PEDIRTE TANTO!”

La trova yucateca nace con la alianza de un poeta y un músico. Arte es todo aquello que nos revela alguna verdad del universo trascendiendo los símbolos de que se sirve, así se da la verdad revelada. El poema es una construcción de signos que convoca a la poesía para que se encuentre con los hombres. La música y sus armonías hacen lo mismo. En la más legítima tradición trovadoresca yucateca ambas deben ser capaces de convivir estéticamente, pero a un tiempo de poseer vida propia. Cada poema es irrepetible, así se haga al amparo de unas reglas y una experiencia que se particularizan en la obra. En estas frugales líneas nos ocuparemos de los poetas románticos y modernistas que tienen presencia en la trova yucateca. Un trabajo más ambicioso ha de entender de la música y su consecuencia con las letras. Un reparo se impone: no toda obra construida con métrica y ritmo es un poema como no toda melodía logra el arte. Pero cuando se alcanza este pacto de artistas se enriquece la sociedad: los poetas llegan por igual a los salones aristocráticos que a las casa humildes, a las oficinas elegantes que a los talles y las fábricas. Quizás esta sea la ofrenda más importante de lo que con se ha dado en llamar la trova yucateca.

ORÍGENES REMOTOS DEL AMOR

Empecemos por esclarecer la prehistoria del amor, el tema fundacional de la trova yucateca. Aunque en todas las civilizaciones existen filosofías del amor, no podemos ubicar la nuestra en Atenas, al menos por dos motivos: la misoginia y las ideas platónicas, ajenas ambas a la conjunción de erotismo y amor, el primero como sexo con imaginación, esto es: metáforas de la naturaleza; y el segundo , el amor, que deriva en un misterio fundado en la libertad de elegir. La sociedad clásica condenó el sentimiento amoroso. Platón en Fredo lo califica de delirio, inclusive Epicuro vio en el amor una amenaza para la serenidad del alma. El amor cortés, el amor galante solo surge en sociedades donde las mujeres gozan de libertad. Pulir la vida con el amor exige de mujeres libres. De ahí que no sea extraño que la canción romántica yucateca, que surgió en los años del Romanticismo, haya vivido su era de gloria en los años veintes, los mejores años del siglo pasado. En ellos las mujeres se subieron la falda, se cortaron el pelo, fueron a la universidad y burlaron de los que las veían con recelo. En occidente quizás tengamos que encontrar la prehistoria del amor en Alejandría. El primer gran poema de amor aparece en la Alejandría del siglo III ac. La Hechicera. Se trata de la fascinante historia de Simetha que tiene los reflejos que hasta hoy prevalecen en las ideas del amor. Lo primero que llama la atención es que se trata de una mujer de lo que se podría llamar de “la clase media”, no de una noble; en esta historia el amor se consuma y la traición que le es propia también, dejando a la vista una de las tragedias del amor: amamos lo que nos daña, lo que no nos hace felices.

EL AMOR REFINADO Y DOS SOCIEDADES PARECIDAS

En Francia , en el siglo XII, aparece el amor con una singularidad: la pretensión de refinar la vida. Un grupo de poetas creó la idea del amor. Lo llamaron “ fin amors”, el amor refinado. Nace como una ética y una estética. Sus propuestas morales eran distintas a las del cristianismo. El amor está por encima de la fidelidad que prescribían y prescriben las morales cristiana y judía. Esto no impedía que los poetas provenzales, creadores de la filosofía moderna del amor, no se acercaran a los altares del catolicismo de su tiempo, de ahí que esta idea fuera un desafío al canon de la moral cristiana. En la canción romántica yucateca tenemos un caso cautivador: el poema “Inútil Fuga” de Humberto Lara y Lara, que termina con dos hermosos versos que son una apología al adulterio:

“Si así juntos pecamos ante el mundo

Separados pecamos ante Dios”.

La moral cristiana a menudo no es la moral de Dios para el amor galante. Más aun, el amor refinado desconfía del matrimonio por la costumbre prevaleciente de ser producto de un arreglo. Siglos después Gabriel García Márquez en una obra excepcional, “El Amor en los Tiempos del Cólera”, sitúa el matrimonio en la región de un misterio que se encuentra en un sitio diferente al del amor, dice: “¿Cómo se puede ser feliz en medio de tanto pleito, tanta pelotera y tanta vaina?”.

La idea del amor nace con las formas básicas de la lírica de occidente y surge con un lenguaje que pueda ser entendido por todos, emancipado del culteranismo clásico. La canción popular romántica yucateca tiene grandes similitudes con la poesía provenzal. La más significativa es esa: los versos son para ser leídos y acompañados por música. Ni el poeta hacía letra, ni el músico poemas. Sin embargo desde el siglo XII se establece una diferencia entre trovador y poeta, el primero escribía paras ser oído por todos y el segundo solo plasmaba sus versos en latín, digamos que este último era culterano. Sobre esta división volveremos más adelante al encontrar otra clasificación de autores de la trova yucateca.

La sociedad provenzal era una sociedad próspera y abierta al exterior por las Cruzadas, así el amor cortés surge en los castillos entre los aristócratas. Estas tres características son propias de la sociedad meridana en que surgió la canción romántica: abierta al mundo, próspera y con una clase acomodada en la que surge un romanticismo musical muy singular. A finales del siglo XIX se dio en Yucatán una súbita e inusitada prosperidad económica que transformó a la austera y somnolienta aristocracia provinciana y rural que ahora viajaba a Francia a estudiar y comprar.

José Peón Contreras, que fue quizás el primer poeta de la canción romántica yucateca, era un aristócrata como lo fue Guty Cárdenas. La casa donde nació Peón Contreras está frente a la Plaza Principal y la casa solariega de los Cárdenas se encuentra en el costado sur poniente de la misma plaza ostentando en el nobilísimo pórtico el escudo de armas de los aristócratas Cárdenas de Yucatán.

Otra consideración importante en la que ahora me detengo: el amor invierte el orden ancestral de la autoridad, el hombre se vuelve el vasallo de la mujer. La sociedad yucateca no ha sido tradicionalmente machista. Fray Diego de Landa nos narra que los mayas no golpeaban a sus mujeres y que lo empezaron a hacer a partir de ver que los españoles lo hacían. Si el cristianismo le dio un lugar a la mujer que no tenía antes, también dejó caer postulados riesgosos. San Pablo dice: “Como la mano obedece al cerebro la mujer debe obedecer al marido. Como el hombre obedece a Dios, la mujer debe obedecer al marido”. Así, si la mujer se torna levantisca y rompe el orden superior puede hacerse acreedora a un castigo.

El mismo fraile cronista nos cuenta como las mujeres mayas tenían el derecho a embriagarse igual que los hombres y que la dote la daba el hombre: dos años iba a trabajar a la milpa de su suegro. El amor en occidente es una gran subversión y Yucatán tenía condiciones originales para darle su sentido.

El platonismo llega a la lírica provenzal por varias rutas, incluida la filosofía musulmán. Su planteamiento es el mismo: el amor nace de la contemplación de un cuerpo hermoso pero se eleva, así se dan dos vertientes: una ve en el amor el camino a lo divino y exige cierta forma de abstinencia porque el amor que se consuma se muere o se transforma. Existe un muy bien logrado poema de Alfredo Aguilar Alfaro que tiene un rasgo infrecuente en la lírica trovadoresca yucateca: el medio tono de la poesía mexicana al que se refería Pedro Henríquez Hureña:

Ojos Tristes (1927)

Tienen tus ojos un raro encanto,
Tus ojos tristes como de niño
Que no ha sentido ningún cariño
Tus ojos dulces como de santo.
¡Ay, si ni fuera pedirte tanto!
Yo te pediría vivir de hinojos,
Contemplando tus tristes ojos,
¡Ojos que tienen, ojos que tienen, sabor de llanto!

La petición tiene algo de platónica, solo así podría entenderse. No se le pide a la amada la entrega del cuerpo, el abandono a la pasión que intensifica la vida, se le pide contemplarla y desde una posición un poco incómoda: de hinojos, tan solo para sentir el sabor del llanto de los tristes ojos. Llama la atención la imagen: la sinestesia modernista se da con el sabor de llanto que combina la tristeza y el sabor emblemático de la vida: el salado, que es el sabor de las lágrimas. La bella y delicada imagen innova el poema: dan paso al nervio de la vida. El mandamiento bíblico lo consagra: serán la sal de la tierra, esto es: el sabor. Siguiendo los pasos de esta lógica llegamos a la conclusión que el llanto tiene también el sabor de la vida: es preferible llorar por algo a nunca tener porque llorar. Habremos de entender que con ese deleite se asciende a niveles superiores de vida. Esta concepción demanda algo más: una suerte de tragedia feliz, el amor para ser lo que es no puede trascender su estado de pureza, esa contemplación de la que hablaba Aguilar Alfaro. Así, un verso clásico de la trova yucateca es “Nunca” (1927), de Ricardo “El Vate” López Méndez:

Yo se que nunca besaré tu boca
Tu boca de púrpura encendida
Yo sé que nunca llegaré a la loca
Y apasionada fuente de tu vida

Yo sé que inútilmente te venero
Que inútilmente el corazón te evoca,
Pero a pesar de todo yo te quiero,
Pero a pesar de todo yo te quiero,
Aunque nunca besar pueda tu boca.

López Méndez es uno de los poetas más distinguidos de la época de oro de la trova yucateca. Sus endecasílabos, y sus ritmos prosódicos afortunados, poseen una musicalidad elegante ajena a la pirotecnia propia del Modernismo. Otro poema suyo que expone una suerte de neoplatonismo agudo es Quisiera (1928)

Quisiera preguntarle a la distancia
Si tienes para mi un pensamiento
Si mi nombre se envuelve en la fragancia
Inolvidable y dulce de tu aliento.

Quisiera preguntarle a los ocasos
Si aun es tu corazón nido vacío,
Para poder soñar entre tus brazos Y allí ,
en tu corazón, dejar el mío.

A pesar del guiño que nos lanza el autor al confesar que conoce la fragancia “inolvidable y dulce del aliento” de la amada, su aspiración se colma en el mundo puramente onírico.

Existe otra vertiente del amor refinado: la que sí acepta el connubio de la carne pero deja la ventana abierta para alcanzar un mundo superior. Es aceptar que en el amor existe una suerte de misticismo carnal. Esta variante aparece a menudo en forma discreta en la trova yucateca. Un ejemplo sería:

Flor de Azahar (1934)

Me gustas porque llevas en la boca
El rojo guinda de maduras fresas,
Porque pones ternuras y ansia loca
En la forma divina con que besas

Me gustas porque si, porque eres linda,
Porque eres flor de azahar en primavera,
Porque en la gloria de tu boca guinda
Los besos tienen atracción de hoguera.

Ya no se trata de contemplar ojos con sabor a llanto, no se trata de consumar el amor en un mundo fantástico pero en los sueños que parecen la luminosa patria del amor. Se busca algo más tangible. Ahora los besos con ansia loca despiertan el amor, la pasión, y son la gloria. Si por una mujer perdimos el paraíso terrenal, otra, la amada, nos lo devuelve. El beso ha sido, y quizás lo siga siendo, una de las formas más explícitas del pacto de las almas. Su trascendencia es similar a la de la cópula. El beso es un acto de voluntad, no simplemente de permisiva resignación, y como tal es una proclamación del amor.

El platonismo aporta otro elemento muy importante para la filosofía del amor: “las reminiscencias”. Esto es: las almas se encuentran en este mundo para vivir lo que en el otro ya han vivido. Esta es una de las fatalidades del amor de la que provienen otras. “La reminiscencia” a pesar de la importancia en el amor refinado no aparece con frecuencia en la lírica de la trova yucateca. Es extraño: la idea de que el amor es predestinado es fundamental y muy antigua: proviene desde los tiempos de la Grecia clásica y atraviesa los siglos pero no llega a la lírica trovadoresca yucateca. El discurso de Aristófanes en El Banquete de Platón, que habla de la intermediación que ofrece Eros entre los hombres y los dioses, no aparece con énfasis en la canción yucateca. La idea de que antes de venir al mundo el hombre era una esfera que se rompe y que busca su mitad con la ayuda de Eros gravita en la canción yucateca pero no aparece con claridad.

Finalmente aunque no existe ninguna alusión a un pasado incorpóreo , ni al hallazgo del destino, la reiterada aclaración de que la falta de culpa al buscar a la amada nos habla de una voluntad que se cumple más allá de lo que se pueda hacer para evitarla.

Tanto en la lírica provenzal como en la trova yucateca no es fácil establecer hasta dónde llega el amor. En algún momento se sublima en la contemplación; en otro se alcanza el beso con todo el poder que tenía, y que posiblemente hoy ya no tenga, y el otro nivel es el goce carnal. Conviene recapacitar en que la segunda generación de poetas provenzales eran poetas profesionales y ya no traspasaban los linderos íntimos. Muchos trovadores provenzales no aprobaban que se llegara al fach (al hecho). En la trova yucateca hay una cierta originalidad: no se habla del amor carnal sino a partir de su ausencia que justifica la infidelidad. Hay mucho de un machismo extravagante en esta postura. En 1926 Ermilo Padrón crea Para Olvidarte, que musicaliza Guty Cárdenas:

Para olvidarte a ti que no supiste
Comprender las ternuras de mi alma
Es necesario recobrar la calma
Que el corazón perdió cuando te fuiste.

Para olvidarte a ti que aún me quieres,
A pesar de tu orgullo y tus agravios,
Me embriagaré sediento de placeres
En la pagana copa de otros labios.

No creo que algo semejante pudiera tener vigencia ahora a principios del siglo XXI. Si alguien llevara una serenata a su pareja con esta canción se provocaría, al menos, un disgusto. Más aun cuando la acusación es tan vaga y subjetiva, casi un subterfugio: “no supiste comprender las ternuras de mi alma”. En cuanto a las características formales en este poema Ermilo Padrón logra algo de lo mejor de su obra y es interesante que lo haga a partir de su anuncio de la búsqueda del placer en “la pagana copa de otro labios”, es desde luego un canto a la infidelidad pero sin felicidad: tan solo como olvido del desdén de la amada.

Pero décadas después, en 1960, Pastor Cervera escribió La Fuente:

Porque besé otros labios me dices
Que te he engañado
Porque calmé mi sed en otra fuente;
Si cruzas el desierto desolado,
Cualquier gota de hiel es suficiente
Tu me niegas el agua de tu fuente
Y por calmar mi sed me has condenado;
Prefiero ser por tu alma ajusticiado,
Que morirme de sed junto a tu frente.

En ambos poemas el amor deja de ser suplicante. El poema se torna punitivo y exige la resignación de la otra parte: te soy infiel porque tu me obligas al condenarme a la indigna castidad.

Siguiente parte del artículo “Románticos y modernistas en la Trova Yucateca: Subgéneros de la poesía provenzal.

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