Sobre los insultos preferidos a los yucatecos, por Salvador Alvarado, mi buen amigo Raúl Vela Sosa me hizo algunas observaciones valiosas a las que aludo hoy. La cita proviene del libro de Bernardino Mena Brito, “Reconstrucción Histórica Yucatán”.
En este texto se consigna el cuestionamiento público que don Carlos P. Escoffie, director de La Revista de Yucatán, le hizo a Salvador Alvarado en relación a si era el autor de un artículo publicado bajo su nombre con injurias al pueblo de Yucatán. El texto ominoso del general habla de una conspiración en Yucatán para unirse a una presunta invasión de los Estados Unidos. Dijo don Salvador: “Sufren como mujerzuelas histéricas”.
Pero eso no fue todo: en otro arrebato verbal dijo el revolucionario: “el pueblo tan cobarde, tan afeminado, tan traidor”. Nunca Alvarado negó haber insultado en forma tan soez a los yucatecos. Su silencio fue una forma de aceptación. Pero basta solo la duda razonable, y es obvio que existe, para abstenerse de erigir estatuas en su honor y ponerle su nombre al estadio más emblemático de la ciudad. Puede ser un signo de poca dignidad del pueblo de Yucatán honrar al que lo insulta.
En relación con los ultrajes a la bandera de Yucatán, pasaje que siempre sostuvo mi buen amigo José Díaz Bolio, Raúl me mostró un oficio en el cual Alvarado consigna el envío de la bandera yucateca para que se conserve en un museo.
No creo que este gesto contradiga la supuesta pisoteada que le dio el mentado Alvarado a la bandera de Yucatán. Estos episodios no pueden negar las cosas buenas que don Salvador hizo, significativamente en el campo de la educación.
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