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“El mundo cambia
si dos se miran y se reconocen, 
Amar es desnudarse de los nombres”

Piedra de sol, Octavio Paz

Eso es exactamente lo que ocurrió con el matrimonio de don José Encarnación Cámara Peón y doña Dominga Chan. Se trató de la unión de un hidalgo, descendiente de don Juan de la Cámara, noble español que vino con Montejo, y una señora de origen maya. La familia Cámara es la familia más antigua de Yucatán y que en lógica consecuencia ha acreeditado su hidalguía en reiteradas ocasiones. Nos han hecho creer que los españoles que llegaron al Nuevo Mundo eran criminales y desterrados, pero realmente esto no era así, venían a América los nobles, los hidalgos, que eran los que tenían el privilegio de explotar estas tierras.

Es posible que la conquista no se haya consumado del todo. Quizás lo que existió fue un pacto entre el talentoso Montejo y Nachi Cocom para que se pudiera fundar Mérida y con ella la provincia de Yucatán. Las batallas que estaban en pausa se reanimaron con inusitada violencia en la Guerra de Castas. Mérida, desde su fundación, era la ciudad de los blancos. Los indios vivían en las afueras: Santiago, La Mejorada, San Cristóbal y San Sebastián. Después de la guerra Mérida fue la ciudad de los blancos y Chan Santa Cruz, hoy Felipe Carrillo Puerto, fue la ciudad de los indios. La Guerra de Castas nunca tuvo un tratado de paz. Todo esto fue cubierto por un hecho contundente: el matrimonio Cámara Chan. La historia cambió con este matrimonio. Este es uno de los pasajes más luminosos de nuestra historia. Cierto que el suceso pertenece al ámbito privado, pero por su significado tiene una trascendencia pública.