
Por Gonzalo Navarrete Muñoz
Ausente de nosotros vive el amor,
sin cuerpo, sin prisión y sin frontera;
no existe mano alguna que lo aprese,
ni muro que detenga su carrera.
Es como el sol que alumbra los caminos,
y da su luz sin exigir respuesta;
no tiene cuerpo, límites ni dueño,
ni forma que la carne manifiesta.
Habita por el río de oro vivo,
que nunca se detiene en su camino;
y cruza con la lluvia fugitiva,
dejando en cada gota su destino.
El verdadero amor es metafísico,
trasciende nuestra carne y nuestra piel;
es luz que se desprende de lo eterno,
y existe más allá de nuestro ser.





