
Don José Campero, gobernador de la Provincia, era un hombre que gozaba de una fama de valiente y talentoso que le hizo acreedor a la distinción de Caballero de la Orden de Santiago. A un tiempo Don José se proyectaba como muy buen cristiano, lo que aprovechaba el clero local . El señor Campero protagonizó una historia que hasta nuestros días intriga . Un día, mientras almorzaba, encontró entre los pliegues de una servilleta una nota : a las doce de la noche en la catedral te espero, decía el papel desconcertante ya que estaba impreso y en Mérida no había imprenta todavía. Ese día, mientras merendaba, encontró en otra servilleta la misma nota . Nadie pudo explicarle que podía haber detrás de esas notas. El señor Campero fue a ver al obispo, Fr. Luis de Cifuentes y Sotomayor, quien lo recibió con atención. El obispo convocó a jesuitas y franciscanos para oír su consejo. Todos convinieron en que el gobernador debía acudir a la misteriosa cita . Pero hubo un acuerdo adicional: que el señor obispo tendría que iluminar la catedral para mantener un estado de alerta. Poco antes de las doce Campero salió de la casa del gobernador seguido de un ayudante que no lo quiso dejar solo. Una vez que llegaron al atrio se abrió un postigo de un puerta y una mano invitó al gobernador a entrar. El ayudante no entró: sin poder soportar más cayó desmayado. Se sabe que el gobernador pasó media hora en el interior de la catedral . A pesar del invierno Campero sudo en forma copiosa al punto de manchar el terciopelo rojo de la silla en que estuvo sentado. Se sabe que salió de la catedral con un pliego que, se sostuvo, fue vendido en México por la enorme suma de trescientos mil pesos. Campero se metió en la cama y solo habló con el obispo. Falleció al quinto día tras de disponer algunas obras pías. Se ha sostenido que fue el obispo, en contubernio con los jesuitas, quien tejió la trama en que atraparon a Campero quien falleció un 29 de diciembre . Desde entonces la expresión “ a las doce en la catedral te espero” entraña la advertencia de algo fatal.





