La fantasía es la certera realidad,

Los nardos son lágrimas festivas:

¡Ulises aun está con vida,

Y el sol ya es de agua viva!

 

Dios responde de inmediato,

Nos devuelve el pasado

Para hacernos hermanos

Con los muertos de  invitados

 

El color vuela y se hace viento

Dejando mil lenguajes

Para abolir el vano tiempo

Y  las hipócritas verdades.

 

El arte, ese  legítimo Evangelio

Que contempla  el  universo

Con sus  saldos y   misterios.

La ciencia de conjuros viejos

Tan solo es un tímido remedio.

 

La lógica que todo lo   devora,

Sin imaginación superior,

Nos abandona la impostora

En el infierno de la razón.

 

Destruimos la magia,

Profanamos la poesía,

Convocamos la desgracia

Con  la trágica pureza.

 

Dios nos habla de un pecado ulterior:

Suplir  el gozo con la vanidad,

Ceder al embrujo de la soberbia

Y al artero crimen espiritual.

El castigo: perder el resplandor,

Y nunca heredar la eternidad.