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La Tratto ubicada en el Paseo de Montejo, se protesta como “Café, Bistro, Bar”. Ya se ha dicho: la palabra Bistro es de ascendencia rusa y era usada, por los rusos en los tiempos en que invadieron París, con el significado de “rápido”. En realidad esta importación se arraigó en París para referirse a los cafés que servían platillos que se elaboraban con prontitud, o que ya estaban preparados. En todo caso La Tratto responde al clásico restaurante, y bar, que puede usted encontrar en cualquier ciudad del mundo; se trata de ese concepto bien definido, y cautivador, que contiene todo lo necesario para seducir a cualquier “ciudadano universal”, a esos que la literatura contemporánea llama “los nuevos californianos”. En Tokio, en Amberes, en París, en Roma, en Buenos Aires, en Hamburgo y  en otras muchas capitales del mundo existen hombres y mujeres con los mismos gustos y, en consecuencia, necesidades similares. Una de ellas, y con gran significado para la vida cotidiana, se refiere a los restaurantes en los cuales se encuentra placidez y plenitud; estas condiciones implican desterrar la improvisación y la existencia de un ambiente propio para vivir un tiempo intensificado por los placeres de la buena mesa. Una buena carta no bastaría para crear estas condiciones, una excelente decoración sería insuficiente, para poco serviría un servicio inobjetable, la mejor música viva no daría lo que se requiere y que sólo se puede lograrse con la combinación de un sinnúmero se detalles, apenas distinguidos en lo individual, pero sensibles cuando logran una espléndida alianza. Cualquiera, en los primeros instantes, puede advertir que este es el caso de La Tratto. Las mesas que se encuentran en la terraza delantera, donde, también, existe una amplia barra, ofrecen la posibilidad de sentir las deliciosas brisas nocturnas de Mérida, con un tino adicional: la decoración está tan bien lograda que da a efecto un ambiente natural, distinto al que se vive en los espacios cerrados con climas de artificio.

Visité La Tratto después de algún tiempo de haber estado ahí en una noche que se hizo larga, circunstancia que no es un fenómeno en un lugar como La Tratto. Sin dudarlo ordené la sugerencia del día que se anunciaba en una cartelera especialmente dispuesta para esos efectos: se trataba de una entrada de champiñones rostizados con queso “brie” servidos con espinacas. La elección anunciaba los esmeros con que se confeccionan los platos en La Tratto; y más hay que decir: no traicionó el perfil del establecimiento. Revisé la carta y me pareció afortunado ordenar una entrada más para disfrutar un “daiquirí”, cuyos no tan remotos orígenes se pueden encontrar en La Habana en un bar conocido con el nombre de “Floridita”, era el cóctel preferido de Ernest Hemingway, para hablar con precisión habremos de decir que no era uno de sus preferidos, pues ya sabemos que el genial escritor norteamericano, –autor de “Por Quien Doblan las Campanas”, “El Viejo y el Mar” y de uno de los cuentos más célebres de la literatura del siglo XX: “Los Asesinos” – era amigo entrañable de las bebidas espirituosas. Para elegir la segunda entrada dudé entre una “Ensalada de Pollo Asiático con Vinagreta de Mostaza”, que es una torre de pollo con ajonjolí y mezcla de lechugas “baby”, manzana, aguacate, tomate, nuez caramelizada y vinagreta de mostaza y unos “Dedos de Queso”, pensé en estos últimos con el deliberado propósito de descubrir de qué maneara a una receta tradicional un restaurante como La Tratto le daba el toque de originalidad; pero mis afanes indagatorios no fueron los suficientemente sólidos y opté por la primera. Mi elección fue venturosa y sí me permite yo le recomiendo que cuando visite usted La Tratto la prueba. Motivado por los estímulos felices de una noche en que se abandonan las angustias cotidianas, o que, al menos, se les empieza a ver como pequeñas y prescindibles, me sentí atraído por una pasta: “Rigattoni Fra-Diabla” que es a base de pechuga de pollo salteada con pimientos rojos y verdes, papas al grill y una ligera salsa criolla picante de ajo rostizado con limón, servida con los tubos de pasta rigattoni; me atrajo esta plato porque tenía yo, la sigo teniendo, la impresión de que se trataba de una combinación original por la salas picante con ajo y la pasta; elegir el “Rigattoni Fra-Diabla” implicó cancelar la exploración de unos “Tortelinis al Cilantro” rellenos de pollo, cilantro, queso ricota y gouda, servidos con pesto de cilantro y salsa de tomates al grill, o un “Filete de Res Ata Toscana” que es un filete angus asado a la parrilla, bañado con jugo balsámico y un “relish” rústico de piñones, albahaca, aceituna negra y aceite de olivo. Finalmente la pasta no me defraudó y estuvo a la altura del ritmo de la noche, la combinación que logra define, en mucho, a La Tratto y su gran poder de seducción, ese mismo que nos convoca para otra visita en un futuro próximo.