El-olimpo-merida

Existen dos teorías sobre la reconstrucción de los edificios que se han venido abajo por distintos motivos. Una sostiene que la reconstrucción tiene que ser tal como fue construido el edificio, guardándole absoluta fidelidad. Así se reconstruyó Londres y muchas ciudades alemanas tras la Segunda Guerra Mundial.

Otra plantea que la nueva construcción tiene que hacerse con materiales, técnicas y diseños contemporáneos pero que evoquen a la construcción original; y sobretodo: conciliadora con el entorno.

Con este ánimo se reconstruyó “El Olimpo” que botaron y convirtieron en un emplazamiento para taxistas. Las vigas horizontales que atraviesan la parte superior de los arcos es una muestra de modernidad, pero la construcción en su conjunto no demerita el entorno. Por el contrario la llamada “panificadora” , que pudiera ser funcionalista, destruye el conjunto colonial-porfirista de la Plaza Principal. No menos grave es la mala reconstrucción de “El Gallito”. Sin embargo El Olimpo incurrió en un grave pecado: ignoró el espacio en que se levantaba. Había una gran oportunidad para evocar uno de los cinco cerros de la Thó: Baklumcham, el que se encontraba justo donde está El Olimpo y ofrendó sus piedras para construir todos los edificios coloniales.

En la Plaza Principal no existe un solo elemento que nos evoque a Thó . Destruimos San Antonio, en la calle 50; cometimos la herejía imperdonable de echar por tierra San Benito. Y nos reiteramos: ante la posibilidad de mostrar algo de Baklumcham en el sitio donde estuvo optamos por la ignorancia, por desdén que siempre hemos sentido por nuestro pasado indígena. En los albores del siglo XXI Mérida sigue siendo “La Ciudad de los Blancos”. Entre la omisión de El Olimpo y las estatuas a los Montejo hay una relación íntima, como la hay con las estatuas a Eulogio Rosado, a Sebastián Molas y Manuel Cepeda Peraza, héroes del lado de los blancos en La Guerra de Castas. Antes de La Revolución ninguna calle de la ciudad llevaba un nombre maya. Quizás el único éxito de la Revolución Mexicana haya sido la reivindicación del pasado indígena, algo que no hizo ni la Independencia ni La Reforma.