EL GRAN DRAGÓN ROJO: EL CASO DEL SECUESTRO

Y se dejó ver otra «señal» en el cielo: allí estaba un gran dragón rojizo que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas; y su cola barrió la tercera parte de las estrellas del cielo y las lanzó a la tierra, Ap. 12:3-4, Sagrada Biblia

 

 

Se aspira a convertir en celebridad a un hombre que mantiene en guerra a este país y para quien la vida ajena nada vale. Digno de entrevistas y la admiración de las mujeres más guapas, el modelo de su camisa se vuelve moda. Se dice aquí y allá que se le castiga por tonto y descuidado , no por delincuente.  Se comprueban malos manejos de toda índole, delitos graves y otras agresiones a los demás y los protagonistas son aplaudidos en actos públicos, aparecen en los medios de comunicación como los líderes de la sociedad. En el extravío del protagonismo no falta quien se proclame como ejemplo. Tiene yate, avión, autos de fantasía y mujeres que parecen pertenecer a la “benigna secta de los ángeles” los que aplastan, violan la ley, atropellan y se atreven a todo con todos. Esos son los prohombres de la sociedad contemporánea. Nadie quiere ser honesto, todos quieren ser ricos y poderosos. La riqueza es el paraíso que nos libra de este valle de lágrimas que abate.    ¿A dónde se quiere llegar? Personalidades que son líderes de opinión pretenden legalizar la marihuana, droga que subyuga el cerebro y arroja a quien la consume a un pozo de paredes lisas.  Sería interesante saber si estos señores se dejarían operar por un médico marihuano.  No es asunto de libertades , lo es de salud pública.  Y quien tenga dudas se remita a este pasaje: dos niños secuestran a una señora. Ven a diario que ese es el camino. Creen en el doble discurso. ¿Con qué autoridad moral los puede castigar una sociedad que hace del delito una virtud? No pretendo hacer ninguna defensa, mis simpatías están con la señora agraviada y su familia. Los niños solo convocan a compasión. Pero no puedo cerrar los ojos ante una realidad dolorosa para todos. William Blake, poeta y pintor romántico, realizó una pintura sobre el Dragón Rojo, el emblema del mal. Ese mal que exhibe su poder extinguiendo  la tercera parte de las estrellas del cielo. La cola del Dragón es   todopoderosa: golpea a quien se le opone y a quién ha trabajado para entronizar al Dragón. No reconoce aliados y adversarios: a todos acribilla.  No sé que tendrá que pasar para que entre todos luchemos contra este monstruo asesenio que nos está haciendo tanto daño.

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