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EL CIERRE DEL FIC

mayas

 

En una carta de 1997 el Centro de Cultura Maya Maakan Xook de Noj Kaj Santa Cruz Balam naj Felipe Carrillo Puerto, en Quintana Roo, expresó la postura de los pueblos mayas con respecto a  la conmemoración de la llamada Guerra de Castas. Evocamos algunos conceptos: “Ya son más de 500 años de una gran historia de lucha de nuestros pueblos; durante todo este tiempo miles de hermanos mayas han defendido de muchas maneras la vida, la madre tierra , nuestro maíz y nuestra cultura….Los mayas somos un pueblo vivo y nuestras autoridades tradicionales son una institución actual y no del pasado como se quiere ver…..Como es de saberse tenemos ideas y una voz que debe escucharse y , si esto no sucede, siempre estaremos preparados para otros siglos de resistencia educando en nuestras tradiciones a los hijos, preparándolos siempre para el renacimiento de nuestra grandeza antigua …¡Nos están guerreando!”.

Leído esto ¿Cómo puede interpretarse la presencia de unos individuos pintados y con taparrabos representando al pueblo maya en la clausura del llamado Festival de Cultura Maya? Quizás no sea un insulto y si una manifestación acabada de ignorancia. Es común a lo largo de la historia de los últimos siglos asumir un estereotipo de la cultura maya, muy distinta a la existente.

Estos eventos parecen darle la razón al grito final de este documento. No hay un reconocimiento legítimo a la cultura maya , a sus instituciones y a su historia. Hay una impostura que en nada colabora para acabar con esa guerra de la que habla este histórico documento.

En el alzamiento de 1847 se presentaron dos posiciones: la de Cecilio Chi que exigía la salida o exterminación de toda la raza blanca  del territorio maya. Poco faltó para que Chi lograra su propósito. Esta corriente asume que desde el momento que los blancos pisaron este santo territorio empezaron a violar la cultura maya. El ejemplo al que acuden una y otra vez es el mismo: la imposición de la medida del tiempo, tan sagrada para los mayas. Desde 1492 se  usan años, meses , días  y horas de los blancos y se han ignorado las místicas concepciones del tiempo maya.

Vivir en la sagrada tierra del Mayab con otras creencias es profanar la tierra de los abuelos y el divino maíz. La sola presencia de los blancos en esta tierra es una ofensa para la cultura maya.

Por otro lado está  la postura de Jacinto Pat que reconoce la historia de una convivencia multisecular. Esta corriente es más tolerante y solo pide el respeto a las creencias de los mayas y su libertad. Ignorar que estas corrientes existen hasta nuestros días es algo temerario. Olvidarse de la naturaleza de los mayas es  otro error.

Montejo fundó Mérida porque era una fortaleza guarnecida por los cerros de la antigua Thó. Sabía que se le dejarían venir los mayas como ocurrió en realidad. Pero quizás  nunca se imaginó la traición de los Cupules. Los blancos nunca se intuyeron lo que se había preparado para 1847: pensaban en los mayas de carnaval, los de taparrabos, bizcos y pintarrajeados.

¿De qué festival de la cultura maya se puede hablar en una ciudad donde solo hay estatuas para los héroes de la Guerra de Castas del lado de los blancos? ¿Cómo podemos hablar de cultura maya en una ciudad que festejó el bicentenario de la Independencia inaugurando unas estatuas a los conquistadores y que desoyó las opiniones en contra? Este ominoso cierre de fiesta, que pasará a la historia por la afrenta a la cultura maya, está en el mismo estado del pasado: ignorando que muchas cosas ocurren en nuestro pueblo como el agua de los cenotes: bajo la tierra.