CRÓNICAS: LA BANDERA NO ES UN SÍMBOLO NACIONAL

Los cronistas de la Nueva España concuerdan  con la leyenda que dio lugar a la fundación de la gran Tenochtitlan. Aludiremos  ahora a la versión del muy ilustre Fray Diego de Durán quien vivió en la provincia de Santiago de México y murió en ella en 1588. Los aztecas salieron de Aztlán guiados por los dioses para encontrar un sitio maravilloso que hallaron en el cerro de Chapoltepec. Ahí se suscitó el incidente de Copil, quien los puso en posición de guerra con los pueblos cercanos. Hutzilopochtli, el dios de la guerra, mandó que se le sacara el corazón a Copil se arrojara. Días después le habló a un sacerdote y le dijo: “Busca el lugar donde cayó el corazón de Copil y ahí encontrarás una piedra, un tunal y en él un águila devorando una serpiente, ahí ha de fundarse la gran ciudad de México”. A los mexicas se les advirtió que esa ciudad sería de “gran poderío y dominio”. Así fue fundada la ciudad de Tenochtitlan – también conocida como Mexitli- cuya etimología puede entenderse de la siguiente manera : tetl que es piedra y nochtli , tunal; la terminación tlan, equivale a lugar.  Nada de extravagante ha de tener que cualquier ciudadano de este país se pregunte ¿Porqué el símbolo nacional corresponde al emblema que orientó a los aztecas a fundar su gran ciudad?  ¿Nosotros, los que los habitantes del Mayab, qué santos tenemos que ver con  la piedra, el tunal , el águila y la serpiente que se está engullendo ? Y lógico ha de ser que lo mismo piensen los de Nuevo León, Tamaulipas, Chihuahua, Jalisco, San Luis Potosí y los estados que están fuera del Valle de México o que no pertenecen a la estirpe náhuatl. Más amargo ha de resultar el hecho de que la gran Tenochnitlan fue una ciudad que sometió, con la inspiración de Huitzilopochtli, a muchos de los pueblos que la rodeaban. El águila devorando la serpiente es una exhibición del dominio de la gran capital. Este Huitzilopochtli es la deidad sobre la que tanto nos advirtió José Vasconcelos: había que desterrarla de nuestra vida pública si queríamos ser una legítima nación. Más allá de las consideraciones vasconcelianas  todo el país ha pagado un costo exorbitante por esta imposición: el centralismo que nos ha mantenido en un estado de asfixia. Pero quien lo ha sufrido más ha sido la hoy atormentada Tenochtitlan que vive la impiedad del azote  de sus habitantes. La otrora “región más transparente del aire” , “el valle metafísico”, es ahora un emplazamiento inhóspito. México, como país, fue fundado por un conjunto de pueblos unidos por los españoles con una justificación moral que se convirtió en un prodigio: la conversión religiosa. De ahí que la primera bandera haya sido la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. El asunto es más sólido. Un hombre inteligente y hoy reivindicado por la historia, Fray Servando Teresa de Mier, diputado al primer Congreso Constituyente, en los tiempos en que era maestro de filosofía sostuvo una teoría extraordinaria, aunque le haya valido al pobre  una persecución implacable-: La Virgen de Guadalupe había tenido culto en México desde antes de la conquista, ignoro si en sus prédicas Fray Servando hacía alusiones a Tonantzín, la deidad azteca adorada en el Tepeyac antes de la Virgen de Guadalupe; pero lo cierto es que las exposiciones iban lejos: Santo Tomás, el apóstol de Jesús , el desconfiado que se vio impelido a proferir aquellas palabras de credulidad: “Señor mío y Dios mío”, era el propio Quetzalcóatl y había predicado el Evangelio de Cristo antes de la llegada de los españoles. Más aun: la tilma con la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe no era de Juan Digo sino del propio Santo Tomás. Para los mayas de la antigüedad Kukulkán, el Quetzalóatl de México, fue una deidad que transformó su historia. Y es que para todos los pueblos de esta gran país que se llama México tienen un significad: Jesucristo, su  apóstol Tomás y Nuestra Señora de Guadalupe. Si las prédicas de Fray Servando Teresa de Mier constituyen un mito, una leyenda, éste sería más justificado que él de la fundación de la ciudad de México, que nada tiene que ver con el resto de los pueblos de este país.