CRÓNICAS DE KAMBUL: EVOCANDO A EMERSON

Puntuales llegaron ese claro y oloroso día. Ya lo ha dicho con tino don Carlos Castillo Peraza, el olor de Mérida es congénitamente amable. Sentados en los sillones de la amplia terraza de Kambul, los tres compañeros se disponían a degustar el ron que les ofrecía el anfitrión, el inagotable Lord Knicker. Polcanes, camarones en chilmole y cierta jaiba con mayonesa de chile xcatic fueron confeccionados en las cocinas de la heredad para cortejar a los visitantes.

 

-Ha sido grave el asunto del enfrentamiento entre los diputados y el presidente-dijo don José María González y Rival-. Aparentemente el ejecutivo no podrá hacer nada para revertir la enmienda que  le hizo la Honorable Cámara.

 

- Nuestras Cámaras son jóvenes-dijo con un extraño plural el súbdito de su Majestad Británica.

 

- Y nuestro presidente y sus colaboradores increíblemente distraídos- abundó don Ignacio Molina y Bastante, lo que no dejó de ser sorprendente. La familia de don Nacho había sufrido la transformación del siglo XIX: de liberales convencidos a conservadores crónicos. Más aun, un ancestro de don Nacho fue fundador del PAN. De ahí que resultara extraño su comentario.

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- Es increíble hasta donde dejaron que avanzaran las cosas-sentenció.

 

-Esto daña profundamente a un precandidato a la presidencia: el señor Creel Miranda, secretario de Gobernación, finalmente él es el responsable de las relaciones de Los Pinos y San Lázaro- comentó don José María al tiempo que degustaba un sorbo largo de ron.

 

-Me parece que los eventos subsecuentes son igualmente lamentables. La declaración pública de don Vicente Fox es otro desatino. Sus palabras me llevan a Emerson-don Nacho, como todos los de su estirpe, alterna la mirada entre el pasado de México y el extranjero, en esto y en su larga estancia en los Estados Unidos se puede encontrar, quizás, su devoción por los autores norteamericanos-. Ralph Emerson nació en Boston en 1803 y murió en 1882; fue , como sus antepasados, ministro de culto, sin embargo perdió la fe  en su iglesia,  pensaba que “ya había pasado el día de una religión formal”. Quizá por eso escribió que nadie ha sido convencido por un argumento(Arguments convince nobody) y que , por el contrario, basta con enunciar una verdad para que ésta se imponga. Esta es la insuficiencia del señor Fox: argumenta mal, y evita que la verdad resplandezca. Esta suerte de tragedia aparece una vez más en el pasaje del presupuesto de 2005.

 

-Me parece que los diputados han enunciado la verdad y por eso ésta se ha impuesto-dijo con su habitual desgano Lord Knicker.

 

Con igual dejadez recibió el comentario el conservador Molina y Bastante.