CONVERSACIÓN EN TRES TIEMPOS

El fin de semana pasado sostuvimos una infatigable conversación Hernán Lara Zavala, Juan Villoro, Carlos Martín Briceño ,  la entrañable Sara Poot y yo. Empezó el sábado por la noche en Uxmal. Ahí hablamos sobre el acto de crear ; dije que la creación era unirse a un coro infinito de obras , tanto que los griegos clásicos pensaban que toda creación empieza con una buena imitación.  Toda obra tiene un linaje, una genealogía. Juan Villoro precisó: “la ruptura es una manera de dialogar con la tradición”. El domingo citó a Paul Valery: “la creación es un asunto de estómago. Se crea cuando ya se digirió algo”. En Uxmal cité la pequeña obra maestra de don Antonio Mediz Bolio , La Tierra del Faisán y del Venado, magia y vida del Mayab: el indio cuando duerme habla con los que lo escuchan y oye a los que le hablan, cuando despierta sabe más que antes. Fue el brillante narrador Hernán Lara Zavala quien estableció las primeras pinceladas de la genealogía de  las dos obras que conmemorábamos el domingo: Pedro Páramo y Cien Años de Soledad. Hernán contó que Emanuel Carballo , que había leído el borrador de Pedro Páramo, le advirtió a Juan Rulfo: “Lee La Amortajada de María Luisa Bombal”, una novela que narra una mujer muerta en su ataúd mientas la velaban. Y es que la novela de Rulfo era narrada por Dolores Preciado. Rulfo tuvo los tamaños de cambiar la obra. Sobre Cien Años de Soledad , Hernán apuntó: “Uno de sus antecedentes es Miguel Angel Asturias  con sus Leyendas de Guatemala. Asturias tenía de maya”. Y contó : “Fue Alvaro Mutis quien le regaló Pedro Páramo a Gabriel García Márquez y le dijo: ‘tenga, para que aprenda’”. Gabriel García Marquez tuvo un ataque de pasmo y de inspiración. Juan Villoro vinculó Cien Años de Soledad  y Pedro Páramo a “un patriarca de literatura latinoamericana: William Fulkner con su Yoknapatawpha. ”. Cité a Frank Kafka y su Metamorfosis. Fue tal la influencia en García Márquez que  replicó el inicio de esta obra en su cuento Crónica de una Muerte Anunciada . El domingo en la comida hablábamos de Shakespeare y Cervantes, de los Románticos Alemanes y Británicos y Hernán nos advirtió: cuidado con la literatura, se puede volver realidad: García Marquéz terminó como Buendía, sufriendo la peste del olvido. En Manjar Blanco asistimos a un espectáculo singular: un niño de trece años se acercó a Juan Villoro, se tomó una foto con él y sacó un libro de Juan y le pidió la dedicatoria. Hernán dijo el domingo que Isabel Allende llegó tarde al “realismo mágico”. Opiné que Cien Años de Soledad era , a un tiempo, un puerto de llegada y uno de salida, se trata de un catálogo completo: lo mágico, lo mítico-legendario, lo milagroso y  lo puramente fantástico. No es lo mismo la ascensión al cielo de Remedios que el hilo de  sangre que va en busca de la madre del muerto; tampoco es lo mismo el cura que levita doce centímetros que las pestes del olvido y el insomnio; los diluvios y la llovizna de flores amarillas no son iguales. En el futuro se explorarán combinaciones y adaptaciones. El domingo el grupo musical Yahal Kab nos acompañó toda la noche y cerró con Macondo de Oscar Chávez, a la entrañable Sarita Poot le entró la música en el cuerpo como una descarga y se le oían trepidar los huesos: para calmarse era imprescindible  que se levantara a bailar con Carlitos Martín Briceño, que nos había presentado un trabajo sobre la música y las obras de la noche. Hasta horas después seguía  Sarita con el cuerpo estremecido y con una nube de mariposas amarrillas sobre la cabeza. O quizás la emocionó la generosidad de un público que aplaudió de pie, a todos, pero especialmente a ella, que tanto hace por nosotros; también se le distinguió a Rodolfo Cobos que está entregando la salud por la Filey.