ANÉCDOTAS DE UN SANCOSMECO: LAS COSAS BELLAS DE LA VIDA

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Cuando a veces me topo con algún antiguo residente de “San Cosme” y recuerda a varios de los “viejos” colonos, que ya están en sus urnas, el panteón y uno que otro aún dando “lata”, pues se me “frunce” el “orificio nasal”, por las muchas bellas vivencias de los años ya “idos”. Juanito Poot, eterno sacristán de la iglesia de Nuestra Señora de Fátima y contemporáneo mío, desde los años de 1932, cuando aún éramos dos “chavos” de “putz” escuela y elevadores de “papagayos”, en los bellos parques de “San Cosme”. Todas las cuatro manzanas, (de lo que es hoy el parque de las Américas) llenas de vacas, chivas, caballos y niños jugando beisbol, ¡ó lo que fuera! Allí viví, en la “Casa de la Cúpula”, la teníamos rentada a los señores Dondé.

En el costado sur de los cuatro parques, es donde la familia Dondé donó un terreno para la Iglesia de Fátima. Era una señora “casona”, en la cual, años después vivió el Dr. Eduardo Urzaiz con toda su “prole” de 14 hijos, de inolvidable historia. Hoy día la vive una sobrina de la familia Dondé, pero con otra fachada, “modernista”.

Domingo 16 de Diciembre de 2001, esquina de la calle 22 por 25, Doña Melba, fiel “ventera” ó voceadora de “diarios”, siempre atenta a servir a sus “marchantes”, en su “puesto ó “sitio” callejero. Allí, a veces nos encontramos, Luis Alcocer Sáenz, y mi tocayo Juan Poot, para comprar los “chismes” impresos, de los periódicos del día, charlamos de aquellos días de escuela, en el mero lugar donde estamos parados, esta la “Genaro Rodríguez”, nuestra escuela de “parvulitos” y primer año, madrecitas de antaño, castigos y pescozones, cuando “chuyabamos” mangos y guayabas de la huerta de dicha escuela, que fue en otra época, la casa principal de la “hacienda “San Cosme” ó sea una anexa de la hacienda de “Tanlum”, que estaba  a unos mecates de allí. Los buenos discípulos, algunos ricos, otros “medianos” y los “pobres”, pero todos éramos buenos “cuates”, era la “mezcolanza” normal de esos tiempos, lo mismo nos daba ser “Guzmán”, Álvarez”, Schirp” ó “Poot”, “Canul” ó “Dzib”, éramos niños, la clase, ¡era para todos igual!

Aquellos consejos maternales al salir para la escuela; no corras, cuida tus cosas, saluda a los mayores, pórtate bien, no ensucies tu ropa, obedece a tus maestros, ¡eran letanías diarias! A esa edad (7 años) todo entraba por una oreja y salía por la otra. Claro que de algo servía, pero casi siempre hacíamos lo mismo. Los vecinos nuestros, como el doctor Marcelo Martínez Palma, siempre con “cara agria”, y su esposa, Doña Carola Repetto, todo lo contrario, bella mujer y de carácter “dulce”, no entiendo como se pudo casar con ese “ogro”, en fin los dos ya son historia. Los Álvarez, los Compean, los Marín, los Dorantes, los Alcocer, Los Ontiveros, los Ramírez, los Milke, los Guzmán, los Classing, los Rodríguez Franco, los Rodríguez Cicero, los Comas, los García, los Cervera, los Milán, los Pinto, los Molina, los Peón, los Dzib, los Cámara, los Urzaiz, los Carrillo, en fin muchos más, que casi todos ya están con sus ancestros, y tal vez, algunos todavía estén comiendo “salbutes”…Amén.

Días de visitas, ya sea que venían a mi casa, o mi madre iba a las de ellas, odiaba esas “tenidas de chismes” y cosas de mayores, como decía mi abuela, a mí me llevaban casi “arrastrado”, pero ni modos, era la costumbre ancestral de esa “cofradía” de “matronas” y “mandonas” señores de “horca y cuchillo” y de “lenguas” muy activas, no eran malas personas, sólo que eran algo “fodongas” y  comunicativas, en fin, así fue, épocas de modas nuevas, sobre todo en el vestir femenino, “Good House Keeping”, “Vanity”, “Burda”, “Cosmopolitan”, eran las revistas y “libracos” de corte y confección, que esas damas tenían que comprar sin fallar, total, casi nunca lucían sus cuerpos, pues eran una hermosas señoras de edades prohibidas y con “llantas” bastante grandes, una que otra tenía buen cuerpo, y les daba coraje a las demás, pues por más dietas que hacían, las “roscas” y “pellejos” no las “quemaban”.

Yo tenía ocho ó nueve años, pero siempre fui “gozador” de esos detalles, hasta la fecha, ni modos tuve buena escuela.

Otras de las cosas “insufribles” de mi precoz edad, eran las obligaciones de ir a visitar a los amigos y amigas de mis familiares, que siempre nos “caían” mal, por aquello de la clase social. Nosotros nunca fuimos “ricos”, aunque éramos personas de “buen ver”, por la cuestión social, y de educación europea de mis familiares. Los niños y niñas, de cierta clase social, y muy ricos, por lo general eran “racistas”, al indio, mestizo ó sirviente, siempre lo “ninguneaban”, ya sea “criado” ó vecino, allí es donde mi madre siempre “gritaba”, pues ella siempre quiso y respeto a estas gentes. Nosotros, “criollos” legítimos y “caucásicos” o sea, gente blanca, les hacíamos la vida de “cuadritos” a esos “niños bien”, diciéndoles que ellos eran más indios que Juárez, y no debían despreciar a sus “paisanos”, esto a veces terminaba en “putazos”, entre nosotros y los “riquillos”, desde luego, que no pasaba a más, pues los padres de ambos, sólo decían que eran cosas de niños…..Ajá Ta Bueno Chan Dzul!!!

Los días de Vacaciones de Navidad ó Semana santa eran los días dedicados a “vagar” por todo el rumbo, sobre todo con los “cuates” y vecinos, más allegados a nosotros. La Familia Goof Rendón, en su preciosa casa de “paja”, en épocas de de 1920 y pico, fue el primer “Country Club” de Yucatán, fundado por familias Americanas y Yucatecas, de esos ayeres. Tiempo después, en que se mudó a la avenida colón por 62, la familia Goof (Don David y Doña “Chole”, con sus hijos, ocuparon dicho primer local).

En los años de 1933-35, mis primos Fernando y Víctor Milke, éramos muy asiduos visitantes de la familia Goof, tenia una hectárea de terreno y dos canchas de tenis bien cuidadas, la casa totalmente de paja y madera, tenía dos pisos ó niveles, una total “chulada” dicha mansión. Los tres hermanos Goof (Charles, Davis y Jorge) de casi nuestra edad, eran jugadores de tenis.

A nuestra corta edad (10 años), aun no sabíamos jugar tenis, pero don David Goof, era un experto conocedor de ese juego ingles, él enseñó a sus tres hijos a ser grandes jugadores. Charles, fue muchos años, campeón estatal de “singles”, Jorge y “Tocho” (David), varias veces “pelearon” por el título, contra su propio hermano, pero nunca logaron ganarlo.

Humberto Álvarez Cadavieco, fue muchos años, asesor, secretario y además tío de los tres hermanos. Yo conocí a dicho señor, muy diligente, en su eterna moto, y fue padre del actual cronista de la ciudad de Mérida, el Prof. Jorge Álvarez Rendón.

Baños de tanque, “hartazgos” de “chinas” y “mandarinas”, que había en dicha “casa quinta”, eran los gustos precoces de esos “ayeres divinos”. Charles ya usado como yo, (es de mi edad) cada año me encarga su pavo relleno, para el “día de acción de gracias”, festividad Americana, que siempre realiza sin fallar. De aquello, ya “llovió” señores, los tres hermanos Goof, ¡¡¡aún están comiendo!!!!

Otras de las “travesuras” que hacíamos junto con mis primos, era el ir a la casa del Dr. Gottfried Figueroa, que estaba “enfrentito a la de nosotros (29 x 14) y la de mi tío Otto Milke. La casona bien grande, tenía un corredor largo y ancho, y en la parte de abajo tenía un sótano muy guardado. Dicho medico era muy estudioso e investigador de cierta epidemias regionales. Nosotros inclusive con un hijo del doctor, nos “colábamos” al sótano, por unas ventanas pequeñas para ver un “esqueleto” completo de un ser humano, que estaba armado y parado en un closet de dicho sótano. El miedo a lo desconocido nos hacía correr, pues a nuestra corta edad (7 años) todo era raro. El doctor varias veces nos “pesco”, y nos daba un buen sermón, pero con buenas risas. Uno o dos años vivió allí la familia Figueroa, y al morir su hijo pequeño (Christian), se fueron a vivir a México DF, para siempre, un hijo Gottfried, creo que ahora esta en Mérida, es de mi edad.

Toda mi precoz niñez y además adolescencia, la pase siempre buscando pesos, ya sea vendiendo cosas o haciendo mandados, ó bien comprando cigarros americanos de “fayuca”. Mi padre siempre fue muy “liberal” en todo y por todo conmigo, pero eso si… ¿todo lo que hagas?, ¡que sea con honradez!, decía mi viejo. Claro que vender cigarros de contrabando no se veía como fraude al fisco, pues lo hacían hasta los aduaneros como una “extra” en su “chamba”.

Todo era legal en esa linda época, nadie “gritaba” por esas cositas, que hasta los buenos políticos hacían, eran épocas de cierta tolerancia partidista, y todo el mundo era feliz. Ganarse 30 ó 40 pesos en un día, en 1940 ó 42 era una “gloria”, pues con todo y la guerra mundial, la vida no era cara. Había escases de algunas cosas, pero todo se conseguía, allí fue donde yo aprendí a “buscarme la vida”. La calle, las cantinas, los cafés, los casinos y demás negocios, fueron la mejor escuela, desde luego, con ciertas excepciones.

Juan Edwin Arthur Schirp Milke, Enero de 2004.

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